Colección “Estudios sobre la ciencia”. Madrid: Editorial del CSIC., 2021
En julio de 1889 un periódico de Buenos Aires se burlaba de la sorprendente popularidad ganada po... more En julio de 1889 un periódico de Buenos Aires se burlaba de la sorprendente popularidad ganada por el hipnotismo entre los habitantes de la metrópoli. En tono irónico, profetizaba que la hipnosis muy pronto traería «más cola que un cometa» y que sus efectos se dejarían ver «principalmente en las boticas y comisarías». Este libro intenta documentar que ese vaticinio no fue del todo errado. Las páginas de esta obra reconstruyen la abigarrada trama de actores que se movilizaron alrededor de esa innovación terapéutica a fines del siglo XIX, y acentúan asimismo que esa historia se desplegó esencialmente en dos vértices contrapuestos del escenario cultural. Por un lado, el mundo de las ofertas y los consumos de objetos y servicios curativos, que puede ser condensado de modo imperfecto por el término «botica». Por otro, la urdimbre de conflictos, altercados y denuncias que jalonaron desde temprano la difusión de la hipnosis en territorio rioplatense, y que reclamaron el accionar pacificador o vigilante de comisarios y autoridades sanitarias.
La medicina ocupó allí un lugar esquivo y paradójico. Quiso monopolizar el uso del hipnotismo en el mercado curativo, y pretendió hacer valer su voz en las disputas que se generaron en su puesta en marcha, pero sus iniciativas en ambos frentes resultaron algo estériles. Los diplomados quedaron opacados por otros actores que daban muestras de mejores pericias y de más osadía, como curanderos, magnetizadores, espiritistas y diletantes. El presente volumen examina esa historia en base al estudio de un caso fronterizo. Se recobran aquí las múltiples labores llevadas a cabo en Buenos Aires por el médico español Alberto Díaz de la Quintana entre los años 1889 y 1895. Además de practicar la hipnosis de modo incansable, aquel diplomado extranjero fundó allí una revista pionera especializada en la materia, dirigió periódicos, brindó exhibiciones públicas, patentó inventos y escribió obras de teatro. De todos modos, una empresa en particular reclamó buena parte de sus energías: acusado una y mil veces de ejercicio ilegal de la medicina, batalló contra sus colegas argentinos, tanto desde la tribuna periodística como desde la arena judicial. El análisis de sus días porteños sirve de modo inmejorable para comprender la localización conflictiva y provechosa del hipnotismo en una ciudad sedienta de novedades.
Uploads
Books by Mauro Vallejo
práctica habitual de las autoridades. A partir de fuentes médicas, administrativas, policiales, literarias e iconográficas, Mauro Vallejo reconstruye la historia de los perros en Buenos Aires y la campaña bonaerense, desde los temidos cimarrones del período colonial hasta la aparición de los primeros perros concebidos como animales de compañía y sujetos de protección. El libro explora también de qué manera
se transformaron las ideas sobre la rabia y las respuestas de la medicina, desde las primeras explicaciones hasta el empleo local de la vacuna antirrábica de Pasteur en 1886.
Entre matanzas, epidemias, regulaciones y cambios en las sensibilidades, Cimarrones, falderos y vagabundos cuenta una historia en la que los cuadrúpedos sirven de mirador para observar de otro modo la construcción del orden urbano, las políticas de higiene, las transformaciones científicas y los cambios en las formas de
relacionarse con la vida animal.
Este libro narra los desvelos de estos médicos por plegarse a una pujante globalización de innovaciones científicas. Atiende para ello al entrecruzamiento de varios itinerarios, pues fueron muchos los objetos que se desplazaron en ese entonces: frascos, cables telegráficos, informes oficiales y rumores exagerados. En el mismo momento en que se daba inicio a los ensayos del medicamento en el Hospital de Clínicas, el debate público a propósito de la linfa se vio desplazado por la sospecha escandalosa de que un profesional extranjero tenía en su poder una versión falsificada del remedio.
Esa simultaneidad fue un síntoma locuaz de las promesas y los límites que afectaban a la cultura letrada de esas décadas y sus deseos de modernización. La narración construida aquí va desde el ensueño tecnológico de unos médicos cultos hasta los disfraces ingeniosos de un trotamundos avispado, pues tales figuras develan casi a la perfección los componentes esenciales de la vida cultural de aquellos años.
Este volumen reconstruye el nacimiento y el acelerado desplome de esa primera relación didáctica de la historia del psicoanálisis, subrayando, por un lado, qué lugar podía asignarle a Gattel un saber que deseaba comprenderlo todo, y por otro, por qué motivo ese alumno prolijo, que hizo con esmero sus deberes, no pudo ganarse sino el desprecio más amargo de su maestro. El libro incluye asimismo la traducción al español de la monografía redactada por Gattel en 1898, en la cual recogió los resultados de la investigación que le fuera encomendada por Freud.
La medicina ocupó allí un lugar esquivo y paradójico. Quiso monopolizar el uso del hipnotismo en el mercado curativo, y pretendió hacer valer su voz en las disputas que se generaron en su puesta en marcha, pero sus iniciativas en ambos frentes resultaron algo estériles. Los diplomados quedaron opacados por otros actores que daban muestras de mejores pericias y de más osadía, como curanderos, magnetizadores, espiritistas y diletantes. El presente volumen examina esa historia en base al estudio de un caso fronterizo. Se recobran aquí las múltiples labores llevadas a cabo en Buenos Aires por el médico español Alberto Díaz de la Quintana entre los años 1889 y 1895. Además de practicar la hipnosis de modo incansable, aquel diplomado extranjero fundó allí una revista pionera especializada en la materia, dirigió periódicos, brindó exhibiciones públicas, patentó inventos y escribió obras de teatro. De todos modos, una empresa en particular reclamó buena parte de sus energías: acusado una y mil veces de ejercicio ilegal de la medicina, batalló contra sus colegas argentinos, tanto desde la tribuna periodística como desde la arena judicial. El análisis de sus días porteños sirve de modo inmejorable para comprender la localización conflictiva y provechosa del hipnotismo en una ciudad sedienta de novedades.
Durante las últimas dos décadas del siglo XIX, Buenos Aires se transformó en el hábitat hospitalario de unos sujetos que no parecían hechos para el manicomio, pero que vivían atormentados por el insomnio, el desasosiego o los dolores gástricos. La medicina teórica, que a duras penas había aprendido a reconocer delirios o impulsos ciegos, se mostró desconcertada ante la profusión de esos neuróticos, que no eran peligrosos y tenían hábitos de buenos cosmopolitas. En base al estudio de fuentes variadas (avisos publicitarios, tesis médicas, folletos olvidables y novelas casi canónicas) este libro reconstruye las superficies o tramas culturales en que esa novedad fue modulada. Un imaginativo mercado de remedios, los institutos médicos privados (de gimnasia mecánica, hipnosis o electroterapia) y unas desabridas salas hospitalarias conformaron el trípode parcial en que esa experiencia pudo alojarse y expandirse en la Capital por esos años.
Con una mirada que imbrica la historia de las ideas y la historia cultural, "Nerviosos y neuróticos en Buenos Aires" despliega con erudición una conjetura: mucho antes de la llegada de las psicoterapias y los freudismos, y a expensas de una medicina nerviosa que, de la mano de José María Ramos Mejía, se resistía a sancionar la legitimidad de las neurosis, el mercado de consumo devino el artefacto plebeyo más propicio para hacer lugar o acompañar esa experiencia patológica y esa sensibilidad.
No sólo los médicos, encabezados por José María Ramos Mejía, se sintieron convocados por las demostraciones de aquel ilusionista. Muchas otras figuras del universo intelectual y político fueron grandes protagonistas de esa historia. Las familias de la alta sociedad le abrieron sus salones a Onofroff, quien incluso tuvo el privilegio de ser invitado al reducto más exclusivo de la sociabilidad de elite, el Círculo de Armas. Bartolomé Mitre lo tuvo como huésped de honor en su residencia particular, y ese encuentro casi se convierte en un escándalo. Otros dos ex-presidentes (Julio Roca y Carlos Pellegrini) quisieron ver con sus propios ojos las maravillas del forastero. Los diarios más emblemáticos del período no solamente citaron al prestidigitador a sus oficinas de redacción, sino que dedicaron a sus poderes decenas de columnas entusiastas. Con el correr de las semanas otras voces se harían oír en los debates suscitados por la presencia de Onofroff. Rubén Darío haría de ese nuevo raro el objeto de unas crónicas, y los espiritistas porteños intentarían ver en él un involuntario soldado de su causa.
A simple vista, en esta obra se combinan historias divergentes. En estas páginas conviven una historia de la elite (de sus consumos culturales y de algunas dimensiones de su mentalidad) y una historia de la medicina porteña (más particularmente de la circulación de saberes y prácticas sobre la hipnosis en los médicos y sus competidores profanos). Se suceden a lo largo de los capítulos una reconstrucción del espiritismo porteño y un rápido buceo por algunas zonas de la literatura vernácula: Rubén Darío, Leopoldo Lugones, Eduardo Holmberg o Paul Groussac aparecen con cierta insistencia en el transcurso de este texto. Pero más que acoplar de modo desordenado historias desiguales, el libro se detiene en los cruces insistentes entre variadas zonas de la cultura finisecular. Antes que buscar la alquimia imposible entre estratos que serían tomados de modo aislado, el libro hace pie en los empalmes habituales entre esas dimensiones del arco cultural.
Más de una escena vivida por Onofroff en la ciudad parece extraída de los relatos fantásticos de Lugones. Por ejemplo, cuando el alienista más importante del momento, Domingo Cabred, lo llevó al manicomio de hombres para que efectuara experiencias de hipnotismo sobre los pacientes. Y muchas crónicas que los periódicos más serios de la ciudad imprimieron sobre el ilusionista parecen una mala copia de un fragmento de un cuento de Holmberg. Otro tanto podría decirse de las declaraciones que los médicos más reputados hicieron acerca de Onofroff y sus capacidades telepáticas. A través de un análisis de los diarios y revistas que registraron el paso de Onofroff por Buenos Aires, este libro ensaya una verdadera historia cultural. Más que tomar las coloridas peripecias del personaje como los hitos de un relato de aventura, esta obra utiliza las múltiples reverberaciones producidas por su figura (desde la caricatura política hasta las fantasías populares, pasando por el discurso médico y el saber sobre lo paranormal) con el cometido de trazar una cartografía de puntos muy significativos del escenario cultural.
Al tiempo que señala las insuficiencias de las exégesis previas, este trabajo propone reconocer en la teoría de la seducción un doble gesto. En primer lugar, esa hipótesis fue antes que nada la resolución del enigma con el que Freud se había enfrentado desde el inicio de su incursión en el terreno de la psicopatología. Ese enigma tenía que ver con la predisposición a la patología. Desde fines de la década de 1880, y en sintonía con la medicina de su época, Freud había defendido la importancia de la causa hereditaria, pero hacia 1893 comienza a reconocer las limitaciones de dicha perspectiva. Así, la teoría de la seducción fue la primera explicación no hereditaria de la causa que Freud construyó. A ese respecto, este escrito pone al descubierto las contradicciones que Freud comete al referirse a la herencia precisamente en esos años (1895-1896): al tiempo que señala la debilidad de la noción de herencia, sigue describiendo a ese factor como la “condición” indispensable en toda enfermedad.
En segundo lugar, este libro intenta mostrar que la tesis de la seducción fue, por sobre todas las cosas, una teoría acerca de la determinación familiar de la subjetividad. Esa temprana conjetura de Freud plasmó una perdurable narración sobre el modo en que el hogar (con sus convivencias eróticas y sus fantasías) puede decidir o cifrar un destino. Es decir que en ese momento de su pensamiento, Freud intentó reemplazar una certeza sobre la determinación familiar-hereditaria de las neurosis por una concepción que insistía en la determinación familiar-accidental de las patologías. Por ese motivo, se puede afirmar que el problema de la herencia es el verdadero trasfondo de la teoría freudiana de 1896. Más aún, a partir de un análisis de su correspondencia con Wilhelm Fliess, este ensayo otorga su verdadero relieve al concepto de “pseudoherencia” que Freud elabora en aquel año. Por último, se intenta demostrar aquí que muchas de las transformaciones y modulaciones que sufre la teoría de la seducción en los años 1896-1897 fueron una respuesta a las críticas que los colegas de Freud dirigían a una propuesta que buscaba limitar los alcances del poder hereditario.
Tanto los historiadores de la ortodoxia como los scholars más iconoclastas han errado el rumbo. La palabra “psicoanálisis” aparece por vez primera en 1896, en uno de los tres escritos de la teoría de la seducción. Este ensayo presta todo su valor de verdad a esa acuñación. El psicoanálisis nace con la tesis de la seducción debido a que ella es el primer motor de la familiarización del alma que nos ha transmitido la ciencia del inconciente.
Papers by Mauro Vallejo
los momentos más significativos
de la enfermedad de la rabia en
la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores
durante el siglo XIX. En primera
instancia, se examina, en base
a la consulta de documentación de
archivo, de qué modo las invasiones
inglesas fueron las responsables de la
primera propagación de la enfermedad
en territorio rioplatense. En segunda
instancia, se toman en consideración
las medidas adoptadas por los médicos
y gobernantes para controlar o prevenir
la difusión de la patología, fundamentalmente
a través de la realización de matanzas masivas de perros. En ese
sentido, el texto reflexiona sobre la rapidez
con la que la afección se afincó
en la zona y sus víctimas comenzaron
a aparecer en los registros y escritos
de los doctores. En tercera instancia,
en el plano que corresponde estrictamente
al área de la historia de la salud,
se constatan los sucesivos brotes epidémicos
de la rabia y las cambiantes
herramientas cognitivas y terapéuticas
adoptadas por los profesionales